ARCÁNGEL DE CENIZA
HOMENAJE A FEDERICO
GARCÍA LORCA
IV
De la noche desciende
como un ángel huido de los cielos.
Desciende de sus pétalos
grises y de sus manos muertas.
Sueña por los fríos
sepulcros de los invernaderos
donde el rocío no existe
y está el tiempo callado.
Llega desde la muerte,
desde negros océanos
deshabitados, con veloces caballos purísimos y errantes;
sus caballos glaciares
cuyo galope eterno pisotea las flores,
las flores que penetran
ahogándose en las clínicas, donde
hay un llanto eléctrico
por las enfermedades.
Regresa de las lágrimas
de los amaneceres, perdida en la marea de sus ojos vacíos
donde eligen los árboles
sus insectos dorados y los ricos sus pobres.
Desde sus sienes abrasadas
por extraños arcángeles de ceniza y de niebla desciende,
regresa enfurecida a sus
más bajos fondos.
¡Oh, altísima ciudad,
flor de infortunio, luz disecada entre las páginas
donde llora la Historia
arrepentida! ¡Altísimo pecado de cristal y silencio!
Dime que no es verdad la
noche, ni la muerte ni el llanto
con los que te disfrazas de papeles y líquidos.
Hay un lóbrego viento de
submarinos invisibles y manzanas podridas.
La soledad busca sus
cuerpos destrozados por los rincones de los hospitales
donde ascienden heridos
por las blancas paredes de sus habitaciones
solitarios difuntos que,
de pronto, se nublan
y su duelo consiste en su
propio cadáver.
Está en las madrugadas
que abandonan los parques,
entre vómitos pálidos y
cisternas amargas, donde hay pájaros muertos
y fermenta el sonido de
sus viejas heridas
entre algodones y tijeras
que han abierto los ojos.
Con su dolor se nutren
los poetas; sus versos le traicionan entre las mariposas y las nubes.
¡Ay, dime que no son
ciertos tus dioses con gusanos ni tus cuerpos de estiércol!
Dime tú que no existe el
pan de cieno que no tiene memoria y has dejado mordido.
Llegas de las afueras y
los túneles, de metales cerrados y fábricas en llamas.
Estás en la garganta de
las larvas que oxidan a los años.
Dime que no es verdad el
día de tus negros espejos
ni tus desheredados con
asma interminable, ni el eterno silencio
de los que más humillas:
a los que robas cada día, cuando los atardeceres
yacen en los suburbios, y
navegan los pobres en barcas naufragadas
tu olvido.
Diego
Jesús Jiménez
in “Itinerario para
Náufragos”
lido
por Paula Nisa
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